El Manuscrito Voynich y su misterio indescifrable

A lo largo de la historia se han escrito distintos textos que hoy en día siguen siendo un misterio debido a su contenido, sus ilustraciones y su lenguaje. Tal es el caso del Manuscrito Voynich, el cual es un conjunto de símbolos y letras que nadie ha podido descifrar hasta la fecha.

Este texto de 23 x 16 centímetros y, aproximadamente, 240 páginas de las cuales algunas se han perdido, son de papel vitela agrupadas en 18 manos de papel. La esquina superior de cada recto está numerada y llega hasta el 116, quizá esto haya sido hecho por alguno de los propietarios del libro. Según la prueba de carbón, el manuscrito data del siglo XV y su procedencia es italiana. Su nombre viene de Wilfrid M. Voynich, un anticuario comerciante de libros que lo adquirió en 1912 y decía que el texto era de un filósofo inglés llamado Roger Bacon. Hay evidencia de que las páginas fueron reorganizadas en distintos puntos de la historia, por lo que el orden actual no es el mismo que el original.

Manuscrito Voynich

El contenido es lo que más llama la atención de este texto. Está codificado en un alfabeto de 20 a 30 caracteres según la transcripción, aunque hay algunos caracteres extraños que se repiten una o dos veces solamente. Se escribió de izquierda a derecha con un margen de ese lado. No hay una puntuación evidente y no hay signos de que el texto haya sido corregido en algún punto, no hay errores. Tiene más de 170,000 glifos escritos con uno o dos trazos simples y están separados por pequeños espacios entre sí. Diversos análisis coinciden en que el texto sigue patrones similares a los de los lenguajes naturales, por lo que la entropía del vocabulario es similar al inglés o al latín. No hay palabras con menos de dos letras y más de diez.

Algunos caracteres aparecen al principio de las palabras, otros siempre al final o en medio. También hay ciertas palabras escritas en algo similar al latín, como letras distorsionadas. Éstas, debido a su forma, parecen ser de los alfabetos europeos del siglo XIV o XV, pero las palabras no tienen ningún sentido. También algunos diagramas astronómicos tienen escritos diez de los meses en latín parecido a los lenguajes medievales de Francia, norte de Italia o de la Península Ibérica, aunque no se sabe si estas fueron añadidas posteriormente.

Lo que más llama la atención de este extraño manuscrito es que contiene ilustraciones muy coloridas que muestran plantas con hojas largas y patrones astrológicos. Al parecer está dividido en seis secciones:

1) Ilustraciones botánicas que muestran 113 plantas, algunas de ellas se pueden reconocer fácilmente, otras no.

2) Dibujos astronómicos y astrológicos con tablas astrales que muestran círculos, soles y lunas, además de signos zodiacales como pescados, toros y un arquero. También mujeres desnudas emergiendo de chimeneas o pipas y figuras de caballería.

3) Una sección biológica con un sinnúmero de dibujos de desnudos femeninos en miniatura con grandes abdómenes, inmersas en fluidos e interactuando con tubos interconectados y cápsulas.

4) Una selección muy elaborada que consta de nueve medallones cosmológicos. Muchos de ellos dibujados sobre hojas dobladas y representando posibles formas geográficas.

5) Dibujos farmacéuticos con más de cien hierbas medicinales de diferentes especies y raíces en tarros de color azul, rojo y verde.

6) Continuas páginas de sólo texto, probablemente recetas. Cada párrafo es marcado por una estrella.

Manuscrito Voynich

Al parecer el texto era una farmacopea o agrupaba distintos temas sobre medicina medieval. Algunos de los tazones y tubos que aparecen en la sección biológica se les han relacionado con la alquimia. Existe un círculo en la sección astronómica que representa una forma irregular con cuatro brazos curvos, William Romaine Newbold lo interpretó en 1928 como la imagen de una galaxia sólo vista con telescopio, y otras imágenes de células como vistas a través de un microscopio. Roger Bacon experimentaba con lentes y quizá por ello se le tomaba como autor. Estas conclusiones han sido tomadas como meras especulaciones.

Se desconoce quiénes han sido todos los propietarios de este libro a lo largo de la historia. Sin embargo, se cree que perteneció al Emperador Rodolfo II de Alemania (1576-1612), quien lo adquirió por 600 ducados de oro. Quizá lo compró al astrólogo John Dee, quien poseía otros manuscritos de Roger Bacon. Supuestamente, Rodolfo II le dio el libro a Jacobus Horcicky de Tepenecz, director de los jardines botánicos de Rodolfo II.

Posteriormente, perteneció a Georg Barschius, un oscuro alquimista de Praga y quien se graduó de la Universidad Jesuita en 1603. Escribió dos veces a Athanasius Kircher para que le ayudara a traducir el manuscrito. Barschius murió en 1662 dejando sus colecciones de alquimia y biblioteca a Jan Marek Marci quien se convirtió en un físico famoso y profesor de la Universidad de Praga. Conoció a Kircher en 1638 y se escribieron durante 28 años.  Un año antes de morir, se lo envió a Kircher en 1666, la carta aún estaba dentro del manuscrito cuando Voynich lo adquirió. No se sabe qué hizo Kircher con él, quizá sólo lo poseía y ya.  No existen registros del libro durante los 200 años posteriores, pero lo más probable es que permaneciera guardado en la correspondencia de Kircher en la biblioteca del Colegio Romano (actualmente la Universidad Gregoriana Pontífice).

El Manuscrito Voynich estuvo seguro hasta la llegada de las tropas de Vittorio Emanuele en 1870. La orden Jesuita fue abolida por el Papa, pero podían quedarse con sus pertenencias privadas. Fue revisada la biblioteca y se hizo una lista de aquellos textos de valor queserían parte de estas “pertenencias privadas”, entre ellas las cartas de Kircher y el manuscrito, los cuales fueron llevados a Villa Mondragone cerca de Roma y ahí permaneció aproximadamente un siglo.

Manuscrito Voynich

Cuando en 1912 la Villa necesitaba dinero urgentemente, Voynich se las arregló para comprar treinta manuscritos de los jesuitas en secreto, incluyendo el manuscrito. Otros 300 documentos fueron comprados por el Papa y puestos en la Biblioteca del Vaticano. Por mucho tiempo, Voynich quería convencer a la gente sobre la autoría de Bacon del manuscrito. Al morir en 1930, fue heredado a su viuda Ethel Lilian Voynich, y al fallecer se lo dio a su amiga Miss Anne Nill en 1960, quien se lo vendió a otro comerciante anticuario de libros, Hans P. Kraus y al no conseguir un comprador lo donó a la Universidad de Yale.

El tema sobre quién escribió este misterioso libro se basa en meras especulaciones. De acuerdo a la carta que Marci envió a Kircher, según su amigo Raphael Mnishovsky, el libro le perteneció a Rodolfo II por lo que intuye que el autor fue Roger Bacon. El hecho de que Bacon fuera el autor llevó a Voynich a pensar que John Dee fue quien se lo vendió a Rodolfo II. Aunque Dee tenía algunos diarios en los cuales no menciona la venta. Una teoría dice que si no lo escribió Bacon, quizá el propio Dee lo hizo dándole el crédito a Bacon para poder venderlo fácilmente. El asistente de Dee, Edward Kelley era un alquimista que decía que podía transformar el cobre en oro gracias a un polvo obtenido en una tumba en Wales, que podía platicar con los ángeles en Enoquiano y que fue de paseo con ellos y, posteriormente, debía escribir un libro sobre lo que vivió. Muchos piensan que fue Kelley quien escribió el manuscrito para engañar al emperador, quien poseía libros y artículos de alquimia y estaba obsesionado con el tema.

Otras teorías apuntan que fue Voynich quien hizo el manuscrito, poseía gran conocimiento sobre estos textos y la carta de Marci a Kircher sólo habla de un manuscrito, más no describe aquel en cuestión. Sin embargo, con los estudios científicos realizados al libro, se ha determinado que éste no es una falsificación, que los pigmentos utilizados eran de una época antigua y la prueba del Carbono 14 indica que el manuscrito Voynich fue realizado a principios de 1400 y su producción fue muy costosa.

Aún con todos los avances tecnológicos de la actualidad, el manuscrito Voynich sigue siendo un misterio. Sólo se sabe que fue escrito en el siglo XV y gracias a una ilustración donde se muestra un edificio, se determina que es de procedencia italiana, lo cual hace más corta la lista de posibles autores, pero deja abierta la pregunta de si el texto fue codificado con un método que aún no se conoce o es un idioma inventado. Por lo pronto, criptógrafos, lingüistas y matemáticos no han podido revelar qué dice el texto. Por lo que las páginas de este extraño libro siguen guardando el secreto de quien alguna vez pudo haber producido semejante obra.

Manuscrito Voynich

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