Bruno Lüdke, el asesino en serie capturado por los nazis

En medio de la Segunda Guerra Mundial, la policía alemana capturó a uno de los asesinos más despiadados de Europa, Bruno Lüdke. Sin embargo, surgieron distintas controversias relacionadas al número de víctimas y si él realmente era culpable en todos los casos. También se menciona lo que las autoridades nazis hicieron con Lüdke mientras lo tuvieron encarcelado.

El 29 de enero de 1943 se encontró el cuerpo Frieda Rösner, una mujer de 51 años de edad estrangulada con su propia chalina, en el bosque de Köpenick, Alemania. Rösner mostraba signos de abuso sexual post-mortem y su bolso había sido robado. Las autoridades la hallaron muy cerca de la casa donde vivía Bruno Lüdke. Cuando los policías se desplazaban a la escena del crimen, Lüdke los atacó, por lo que lo arrestaron al considerarlo sospechoso.

Bruno Lüdke siempre tuvo una personalidad sádica. Sus crímenes comenzaron en 1928 cuando tenía veinte años. Violaba a sus víctimas y las asesinaba por estrangulamiento o apuñalamiento con un cuchillo. Debido a la poca seguridad proporcionada por la policía y la situación caótica del país entre la Primera y Segunda Guerra Mundial, Lüdke continuó con sus terribles actos durante 15 años.

Este no fue el único encuentro que Lüdke tuvo con la policía Nazi. En enero de 1939 enfrentó a la ley por acusaciones de abuso sexual. Las autoridades y doctores Nazis probaron que tenía problemas mentales, en ese momento no se le enjuició. Bajo el mando de Heinrich Himmler y de acuerdo a la ley eugenésica, Lüdke fue esterilizado y puesto en libertad. Sus crímenes sexuales no cesaron, pasó desapercibido por la policía unos años más.

En 1943 la policía arrestó a Lüdke, quien confesó el asesinato de Rösner y otros 80 más. Indicó que su motivación principal era violar a sus víctimas y sólo las asesinaba si éstas se resistían. Sin embargo, en ese tiempo sufría de demencia severa. ¿Podían ser confiables sus confesiones? La gente a su alrededor no creía que él fuera culpable, pues tenía una deficiencia mental. No podía decir cuántos minutos tenía una hora, por ejemplo. Nuevamente, no fue enjuiciado por su estado mental.

La policía Nazi lo mantuvo preso en el Instituto Nacional Socialista Central de Medicina Criminal de Seguridad en Viena hasta su muerte, el 8 de abril de 1944. Algunos dicen que se le aplicó la inyección letal, otros aseguran que los Nazis lo sometieron a distintos experimentos causándole la muerte cuando uno de ellos salió mal.

Diversos criminólogos han puesto en duda las confesiones de Lüdke. Al parecer, lo golpearon antes de llegar al Instituto según varios testigos. Incluso, dijo que la policía lo mataría si no confesaba lo que le pedían. El oficial Blaaw revisó el caso tras la caída de los nazis, encontrando muchas inconsistencias. Por un lado, no había evidencias de que Lüdke hubiera perpetrado los crímenes. Su arresto había sido fortuito, pues el asesino no había dejado ninguna huella según los expedientes. Algunos otros indican que el posible asesino pudo haber sido el líder de la policía de investigación alemana. Le atribuyeron a Lüdke los crímenes y, como padecía de sus facultades mentales, nadie le haría caso.

Hasta la fecha, la policía alemana no ha obtenido nuevas pistas en su búsqueda. Bruno Lüdke permanece como el culpable y considerado como uno de los asesinos en serie más terribles de Europa.